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Ecos de la educación: La revista

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Literatura

Ecos de la educación: La revista

Miércoles 24 de enero de 2007.

Muy buenas y oscuras tardes tengan todos los aquí presentes: respetables autoridades educativas, líderes sindicales, modelos académicos de maestros, representantes de las organizaciones civiles que hoy nos acompañan. Reciban todos ustedes un respetuoso saludo, especialmente las alumnas y el personal de esta Escuela Normal Rural “Ricardo Flores Magón”.

Ayer, cuando se me hizo la invitación para participar en este evento de presentación de la Revista ECOS de la Educación, no dudé en aceptar, a pesar de no haber tenido hasta ese momento acceso a un ejemplar de esta primera edición de la revista. Acepté el honor y tomé el reto sin dudarlo un instante, quizás motivado por las grandes satisfacciones que he tenido en mi vida como lector de múltiples libros y revistas, y últimamente como escritor de cuentos, de realidades y fantasías.

Cuando la maestra Marivel Gutiérrez Fierro llegó a mi oficina y me hizo la invitación a este evento, mi primer pensamiento fue que esta revista era una más de las muchas que regularmente aparecen y que rápidamente desaparecen sin dejar rastro; pues muchas de éstas se esfuman antes de que sean conocidas por lo menos por los lectores a quienes van dirigidas.

Cuando tuve en mis manos el primer ejemplar de la revista, al ver el título inmediatamente mi imaginación vagó por las barrancas y por los preciosos escenarios naturales de la sierra tarahumara. Recordé mi primer año de servicio, que tuvo lugar precisamente el milenio pasado en un pueblo llamado Guazárachi, del municipio de Balleza, Chihuahua.

Allá, en lo alto de la montaña y en lo profundo de la barranca es donde tuve mi feliz e inolvidable primera oportunidad de escuchar los ecos de la educación mexicana.

Después de mis cuatro años en la Escuela Normal del Estado de Chihuahua “Profr. Luis Urías Belderráin”, llegué a una alejada ranchería con mi maleta llena de materiales didácticos para iniciar mi primer ciclo escolar, lleno de ilusiones y de proyectos.

Ahí recibí mi primer golpe como profesor porque me encontré en la encrucijada de dos formas de pensar y de sentir, de hablar y de hacer, que están entre las fantasías que en muchas escuelas normales aún se viven y la cruda realidad del profesor que llega a un lugar donde todo le es desconocido, los alumnos, los padres, las condiciones materiales llenas de carencias, cero infraestructura, aunque con muchos deseos de entregarse sin condiciones.

Fui feliz intentando ser maestro por primera vez, pero solo aquellos alumnos del pueblo perdido en la serranía podrán decir si es que algo aprendieron de mí. Me atrevo a decir que aquellos mis primeros alumnos fueron en realidad mis primeros maestros.

Considero que el maestro no nace; estudia para ser profesor, pero se hace maestro cuando llega a las aulas, porque aprende de sus alumnos. A pesar de todos los esfuerzos que se hagan en las escuelas normales, el verdadero maestro no podrá jamás formarse como tal si no tiene la oportunidad de aprender de los alumnos, especialmente de aquellos que más necesitan al maestro, como modelo de superación y de honestidad. En esto concuerdo ampliamente con Séneca cuando dice: “aprendemos mientras enseñamos.”

Presumo que en mi primer año de servicio hice todo lo que pude con los recursos que había aprendido en la Normal, pero sentía que no tenía las armas necesarias, que algo me faltaba, pues en la soledad de mi salón de clases, por las noches, me llegaba el eco de las voces de Dewey, de Piaget, de Freinet; en fin, pedagogos, psicólogos, investigadores y filósofos de la educación que me animaban a seguir adelante, pero que no me decían cómo afrontar aquella triste y cruda realidad en la que la discriminación racial hacia los indígenas tarahumaras y el poco valor que a las mujeres en ese tiempo se les daba se nos reflejaba en el salón de clases y nos gritaba fuerte: NO PUEDES. Pero el eco lo repetía más fuerte y nos decía: SI PUEDES.

Aún escucho el eco de la voz de Fidencio, el único niño tarahumara que había logrado llegar al 5º grado de la escuela. Como jamás volví a ese pueblo, no supe si Fidencio pudo vencer el último escalón de la educación primaria. Jamás me enteré si él se graduó, pero aún escucho el eco de su hazaña por llegar a 5º grado a pesar de las burlas de sus compañeros y compañeras de clase cuando decían: “Maestro Paulino, Fidencio apesta". "Yo no me quiero sentar junto a él". "Siéntelo en las bancas de atrás.”

Ahora que recuerdo el eco, o el olor, ciertamente Fidencio apestaba, pero lo que nadie comprendía era que Fidencio si se bañaba, pero olía mal porque él caminaba diariamente durante dos o más horas subiendo cerros y cruzando arroyos para llegar a la escuela y a la salida regresaba para dormir en su cueva, al pie de una montaña.

El eco de la voz de Fidencio, el eco de la soledad de la barranca; el eco de la tristeza por estar lejos de mi familia; el eco de la discriminación hacia los más pobres, hacia los indígenas y hacia las mujeres, aún me sigue llegando a pesar que han pasado casi 28 años desde entonces.

Aún escucho las voces de mis maestros en la Normal del Estado, y aún no puedo entender cómo logré sobrevivir 28 años sin haber renunciado a esta difícil tarea que es ser maestro.

¿Fue acaso el eco lo que me hizo sobrevivir a mi primera prueba frente al pizarrón de la realidad? Eso quizás jamás lo sabré.

Después de haber leído cuidadosamente el primer ejemplar de la revista Ecos de la Educación, descubrí la alta calidad académica de los que en ella han participado. Por eso, me atrevo a decir que esta revista tiene el potencial y la calidad necesaria para seguir haciendo eco mucho más allá de una generación de maestros. Escuchemos pues el eco y leamos la revista Ecos de la educación, para que nos de fuerza en nuestro largo camino hacia la profesionalización y hacia la dignificación social del magisterio chihuahuense. Hagamos Eco gritando uno a la vez y digamos varias veces:

ÉXITO, ÉXITO, ÉXITO.

Muchas gracias.

“POR UNA ESCUELA DE CALIDAD”

FRATERNALMENTE,

Mtro. Paulino Arreola Arreola

-o-o-o-o-o-o-

Más info del evento en: http://www.paulinoarreola.com/literatura/juarez/comentariosPaulino240107Saucillo.asp



28/10/2009


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